Oigan, necesitamos tener una charla seria sobre la “F-word”. Y no, no me refiero a la que están pensando, sino al Feminismo. ¿Por qué es que una palabra que debería ser básicamente sobre igualdad se siente a veces como caminar por un campo de minas lleno de drama? Da un poco de cringe ver cómo la gente se pelea por una etiqueta cuando, en teoría, todos deberían estar en el mismo equipo. Pero claro, si hemos aprendido algo en esta vida, es que el branding lo es todo y, amigos, el branding de este movimiento está pasando por un momento super delicado.
Resulta que no todo es blanco y negro. Hay mucha energía negativa flotando y parece que el mensaje original se perdió en el ruido de los algoritmos y la política tóxica. Ya no basta con decir que apoyas la igualdad; ahora tienes que explicar, justificar y disculparte por las cosas que hacen otras personas bajo la misma bandera. Es agotador, la verdad.
La Situación
Los ruidosos arruinan la fiesta Cuando las voces más radicales y extremas son las que obtienen todo el alcance viral, la percepción de todo el movimiento se distorsiona. Esos perfiles agresivos e idiotas que solo buscan llamar la atención terminan alejando a todo el mundo porque, seamos honestos, nadie quiere estar asociado con gente que chilla por todo.
Es puro teatro y búsqueda de likes Muchos de esos personajes “loud and proud” no les importa realmente la causa, lo que quieren es spotlight. Es totalmente performativo: un “mírame, mírame” disfrazado de activismo que deja un sabor de boca horrible y hace que la gente piense que todos son así.
El lío entre igualdad y equidad Aquí es donde se complica el rollo semántico. Para algunos, feminismo significa igualdad total, pero para otros se trata de equidad, que no es lo mismo. Y luego están los que usan la etiqueta para promover una especie de supremacía femenina o para castigar a los hombres solo por ser hombres. Cuando la definición es tan vaga, es normal que la gente se asuste.
La etiqueta “Egalitarian” es el nuevo refugio Tanta gente está huyendo de la palabra “feminista” y abrazando el término “egalitarian” solo para evitar el drama y la carga política que conlleva la primera. Buscan algo neutral que no los ponga en el ojo del huracán cada vez que quieren expresar una opinión sobre justicia social.
La energía agresiva no invita al diálogo Si entras en un espacio esperando una conversación y te reciben con hostilidad solo por quién eres, obviamente que vas a salir corriendo. Esa actitud de “estoy conmigo o contra mí” crea asociaciones negativas que luego cuesta mucho limpiar, incluso si las intenciones originalmente fueron buenas.
Juicio a las elecciones personales Hay una ironía gigante cuando el movimiento que debería defender las elecciones de las mujeres termina criticando a quienes deciden ser amas de casa o cuidar a sus hijos. Si “mi cuerpo, mis reglas” aplica, debería aplicar para todo, no solo para lo que es políticamente conveniente en ese momento.
La igualdad se siente como opresión para los privilegiados Es una dura pastilla de tragar, pero cuando estás acostumbrado a tener ventajas solo por existir, que alguien te pida un terreno de juego nivelado se siente como un ataque. Mucha la rechaza no porque odien a las mujeres, sino porque sienten que pierden su estatus especial.
El Veredicto
La próxima vez que escuchen esa palabra, no asuman nada y hagan su propia investigación de los hechos en lugar de dejarse llevar por el ruido de los extremos. El drama está en la interpretación, no en la etiqueta.
