Todos tenemos ese tic incontrolable. Sabes a qué me refiero. Ese momento en el que, sin previo aviso y en un entorno social completamente inapropiado, gritas “CHOWDAH!” con tu mejor acento de JFK. La gente te mira con una mezcla de horror y confusión, y tu pareja te susurra que por favor, por el amor de todo lo sagrado, dejes de hacer referencias a Los Simpson que nadie entiende. Es un problema, lo admito. Pero hay un problema mayor: la creencia persistente de que esta sopa espesa y cremosa es un pilar fundamental de la cultura neozelandesa.
Alguien, en algún lugar, decidió poner comillas alrededor de la palabra “Americano” y afirmar que el chowder de almejas es “integral” para la cocina de Nueva Zelanda. Es una afirmación tan audaz que casi merece aplausos por su pura fantasía. Vamos a ser claros: decir que el chowder es un plato esencial kiwi es como decir que la pizza es el plato nacional de Japón porque la comen allí. Se puede comer, sí. Se puede disfrutar, por supuesto. ¿Integral? No, ni cerca.
Si alguna vez has viajado de Auckland a Invercargill, sabes que lo que encontrarás en los menús no es un amor universal por las almejas, sino una obsesión por el pastel de carne y el pescado con papas fritas. La idea de que el chowder ocupa un lugar de honor en la mesa neozelandesa es, en el mejor de los casos, una exageración marketing y, en el peor, un delirio colectivo.
¿Desde cuándo “integral” significa “lo vimos una vez”?
Hagamos una prueba rápida. Busca en tu memoria cualquier conversación sobre la identidad nacional de Nueva Zelanda. ¿Qué aparece? ¿Haka? ¿Ovejas? ¿La Copa Mundial de Rugby? Exacto. Lo que no aparece es un tazón de sopa cremosa. La palabra “integral” está haciendo un trabajo pesado aquí, el tipo de trabajo pesado que normalmente requeriría esteroides y años de gimnasio.
Para que un plato sea considerado parte del alma culinaria de un país, la gente necesita comerlo en casa, servirlo en celebraciones y, lo más importante, saber qué es. Pregúntale a un local promedio por el chowder de almejas y te mirarán como si le estuvieras preguntando por la mejor forma de cocinar rocas. Simplemente no está en el radar. Es un plato que aparece en el menú de vez en cuando, como un invitado que nadie invitó pero que nadie tiene el valor de echar, pero nunca es el anfitrión de la fiesta.
Si vamos a hablar de sopa marítima en Nueva Zelanda, estamos hablando de “seafood chowder”, no de clam chowder. Y ojo, porque hay una diferencia vital que a los puristas les encantará señalarte. La versión local suele prescindir de las almejas por completo y opta por mejillones, gambas y anillas de calamar. A veces trozos de pescado blanco. Almejas? Rara vez. Llamar a esa amalgama de mariscos “chowder de almejas integral” es un insulto a la lógica y a los mariscos involucrados.
El problema de las comillas y el origen yanqui
Hay una cierta ironía en tratar de disociar el plato de sus raíces americanas. Sí, el chowder de almejas es tan estadounidense como los fuegos artificiales en julio. Específicamente, es un regalo de Nueva Inglaterra. Y gracias a Dios por eso, porque si hubieran adoptado el estilo de Manhattan con tomate, tendríamos que tener una conversación muy seria sobre los estándares gastronómicos.
El estilo de Nueva Inglaterra, con esa base de leche y crema que tapa las arterias un poco más con cada cucharada, es el único verdadero. El estilo de Manhattan, esa sopa de tomate diluida que intenta pasar por chowder, es una abominación. De hecho, probablemente sea una buena cosa que Nueva Zelanda no lo haya adoptado como propio; eso habría sido motivo suficiente para revocar su membresía en el club de los países con buen gusto.
La confusión probablemente surge de una variante local llamada “sopa de pipis”. Los pipis son almejas locales, y la gente las usa cuando puede conseguirlas. Pero el simple hecho de que exista una variante local no convierte al plato original en un tesoro nacional. Es como cuando llamas “té” a cualquier infusión de hierbas caliente; técnicamente es cierto en un sentido amplio, pero los británicos te mirarán con desprecio si intentas servirles manzanilla en una taza de porcelana.
Lo que realmente comen los kiwis (Spoiler: No es sopa)
Si estamos desesperados por etiquetar cosas como “americanas” o “integradoras”, miremos al kumara, o batata. Esa sí es una influencia real y antigua. Pero si quieres hablar de la comida que realmente define a Nueva Zelanda, deja de buscar en el mar y mira en la panadería. El pastel de carne y huevo, el pastel de carne, y quizás un buen fish and chips. Eso es lo que mueve al país. Eso es lo que la gente come después de un largo día, no un cuenco de crema espesa.
Incluso los australianos, con quienes tienen una rivalidad constante sobre quién inventó el Pavlova o los Lamingtons, estarían de acuerdo en que el chowder es un extraño en esta ecuación. Y cuando los australianos están de acuerdo contigo sobre algo que no involucra deportes o beber, deberías saber que tienes la razón. Es una nada culinaria disfrazada de tradición.
Al final del día, afirmar que el chowder es central para Nueva Zelanda es un ejercicio de imaginación. Es un plato que se consume, sí, pero con la misma frecuencia y pasión con la que uno come brócoli: porque está ahí, no porque defina quiénes somos como pueblo.
La lección de las etiquetas erróneas
Todo este circo nos enseña algo sobre cómo etiquetamos las cosas. Nos encanta apropiarnos de lo que nos gusta y darle un pase de honor cultural. Si nos gusta algo, debe ser “nuestro”, debe ser “integral”. Pero la realidad es mucho más aburrida y mucho más específica. El chowder de almejas es un visitante distinguido, un plato americano que cruzó el océano y se quedó, probablemente porque es imposible no gustar de una sopa que es básicamente mantequilla líquida con mariscos.
No hay nada de malo en disfrutar de la comida de otros lugares. De hecho, es lo único que nos salva de comer papas hervidas todos los días. Pero seamos honestos con el vocabulario. No es integral. No es esencial. Es simplemente… comida. Buena comida, pero comida al fin y al cabo. Y la próxima vez que grites “CHOWDAH!” en medio de un restaurante tranquilo, al menos ten la decencia de admitir que estás haciendo una referencia cultural que cruzó el mundo, no reivindicando un patrimonio nacional que nunca existió.
