Tienes que creerme, amig@. Estaba yo ahí, intentando decidir qué postre pedir, cuando de repente mi cerebro decía: “¿Y si te contara una historia donde un coche de los 70, ese que a tu abuelo le daba pereza que se oxidara por dentro, se convierte en la mayor hazaña… o la mayor tontería… de una pequeña región?” Y claro, como soy un servidor, me dije: “¡Venga, contémosla!”. Porque, ¿qué es la vida si no una sucesión de cosas absurdas que nos hacen preguntarnos “¿En serio, por favor?”.
Resulta que en los años 60 y 70, en un país que aún se reponía de unos cuantos golpes económicos y de ego, hubo un programa espacial. No, no te imaginas en qué país. ¡En Euskadi! Sí, los vascos, antes de las pipas de maíz y los bonitos desayunos, tenían sus ojos puestos en las estrellas… o, más concretamente, en un coche. Porque, ¿quién necesita un cohete sofisticado cuando tienes un Dodge Dart con ganas de volar, verdad? O quizás, un Dodge 3700GT, que es como el primo un poco más guapo y con más pasaporte local que el Dart, pero la idea es la misma: ¡plomo hacia arriba!
Imaginaos, por un momento, a un político conduciendo. ¿Qué coche te viene a la mente? ¿Algo lujoso, imponente, que diga “aquí mando yo”? Pues no. Imaginaos a don Luis Carrero Blanco, el hombre que sabía cómo hacer que las cosas funcionaran (o eso se creía la mayoría), paseando por las calles de Madrid en un Dodge Dart. O, más precisamente, en su versión española, el Dodge 3700GT. Que sí, que era más grande que los coches de churro europeos y que cumplía con las leyes de “¡Toca hacer todo aquí!”, pero… ¡un Dodge! ¡De los de mi abuelo que parcheaba el suelo con las matrículas viejas!
¿Por qué un Dodge Dart? Pues, según algunos, porque era la forma de mostrar una especie de “frugalidad” que, francamente, en la política, siempre huele un poco raro. Es como si te dijeran “mira, soy tan de la gente que uso calcetines de lana”, pero tuvieran una villa en Ibiza que no mencionan. Pero, ¿y si no le importaban los coches? ¿Y si simplemente era el coche que había, el que se podía fabricar sin tener que importar mil piezas? ¡Quién sabe! Lo que sí sé es que este coche, este pobre, pobre coche, se convertiría en el protagonista involuntario de una de las historias más… explosivas… de la historia reciente.
Y aquí viene lo bueno. O lo malo, según cómo mires. O quizás, lo que realmente importa. Porque, resulta que un día, el coche no se movió hacia delante, ni hacia atrás… ¡Se movió hacia arriba! ¡Y con bastante fuerza! Hasta 66 pies de altura, dicen algunos. ¡Seis! Sesenta y seis! Como si alguien hubiera leído el manual equivocado de “Cómo Construir Un Cohete Con Lo Que Hay en el Garaje”. ¡Fue una hazaña! Una hazaña de ingeniería improvisada, quizás, pero una hazaña. ¡El Dodge Dart, o 3700GT, se convirtió en el primer astronauta español! ¡España tenía astronauta! ¡Y volvió a caer! ¡Como una flecha de jardín! ¡Un lawn dart de verdad!
¿Un Accidente? ¿O la Mayor Hazaña de Ingeniería Improvisada de la Historia?
Imagínate el momento. Estás conduciendo, quizás pensando en el almuerzo, quizás en el discurso que darás, y de repente… ¡PLAF! ¡Todo se vuelve gris, luego negro, luego… ¡blanco! ¡Como el propio don Luis! Seguro que pensó “¿Qué coño está pasando? ¿Un bache? ¿Un hueco? ¿Un agujero de gusano?”. Porque, claro, ¿quién se espera que su coche se convierta en un misil? ¡Nadie! Es como si tu tostador te lanzara los torrijas al techo en lugar de tostarlos. ¡Absurdo!
Pero no, no fue un bache. Fue… ¡una explosión! Una explosión tan grande que el coche no solo se subió, sino que hizo un pequeño paseo por los cielos de Madrid antes de aterrizar con un estruendo que seguro que se escuchó en Toledo. ¡Y todo grabado! ¡Hay vídeos! ¡Podemos ver el momento exacto en que el coche dice “adiós, mundo cruel” y se va en una burbuja de metal y asfalto! Sería una maravilla para “Mythbusters”, seguro que tenían material para un par de temporadas. ¡“Podemos comprobar si un coche puede volar… y si es más divertido que un coche normal!”!
Y es que, ¿cómo no reírse? Es como la broma más larga y absurda de la historia. Un coche que se supone que te lleva de A a B, se lleva a su pasajero de A al cielo. ¡Qué servicio al cliente! ¡Qué experiencia de usuario! Seguro que la garantía cubre esto, ¿verdad? “En caso de que su vehículo decida explorar la atmósfera, por favor, no llame a la línea de atención al cliente. Simplemente disfrute del viaje.”.
La Canción del Cohete… y el Dodge Dart
Y, claro, con una historia así, ¿qué podía pasar? Pues que la gente empezara a hacerse canciones. Sí, canciones. Porque qué mejor forma de recordar un evento que ponerle ritmo y melodía. En el País Vasco, por ejemplo, hubo una canción que cantaba sobre cómo el presidente había subido más alto que Franco. ¡Imagínatela! ¡Con todo el dramatismo y la picardía que se le supone a esa tierra! ¡“Arriba Carrero!”! ¡Como si fuera un lema de equipo de fútbol! “¡Vamos Carrero, al cielo!”.
Y es que, aunque sea una situación trágica, hay algo innegablemente… ¡divertido! en la idea de un coche volando. Es como si la vida diaria, tan pesada y cotidiana, dijera “¡Venga, vamos a hacer algo completamente loco!”. Es como cuando intentas hacer una receta complicada y sale una cosa que no se parece en nada a la foto del libro, pero que, curiosamente, está bastante bien. O no. Pero la intención es la misma: ¡romper con la monotonía!
Y es que, aunque sea una forma burda de decirlo, la forma en que el coche subió… ¡fue épica! Fue como si la propia física dijera “¿Te apetece un experimento?”. Y claro, el coche dijo “¡Sí!”. Y subió. Y subió. Y subió. Hasta que… ¡plaf! ¡De nuevo en tierra! ¡Pero no en el lugar de partida! ¡En el de destino! ¡O casi! ¡Qué aventura! ¡Qué viaje! ¡Qué manera de ver Madrid desde abajo!
¿España: El Primer País en Enviar un Coche a la Luna (Casi)?
Y es que, ¿no es increíble? España, un país conocido por sus fiestas, su gastronomía, su… bueno, por muchas cosas, pero no precisamente por sus programas espaciales. Y aquí está, con su propio cohete… ¡con motor de seis cilindros en línea, de los años 70! ¡Qué progreso! ¡Qué adelanto! ¡Qué manera de demostrar que, aunque no tengas un presupuesto espacial, puedes tener una idea espacial! ¡Es la mentalidad “¡Hacemos lo que podemos con lo que tenemos!” llevada al extremo!
Y es que, aunque sea una forma absurda de verlo, ¿no es genial que alguien haya intentado? ¿No es genial que alguien haya dicho “¿Y si…?”? Es como cuando intentas arreglar algo que está roto y, en lugar de arreglarlo, lo empeoras. Pero al menos lo intentaste. Y en este caso, ¡el resultado fue… memorable! ¡Fue… histórico! ¡Fue… una broma de mal gusto que la historia no se cansará de recordar!
Y es que, aunque sea una forma cruel de verlo, el coche… ¡tuvo su momento de gloria! Fue el protagonista de una historia que nadie olvidará. Fue el coche que… ¡voló! Fue el coche que… ¡exploró! Fue el coche que… ¡dio un salto! ¡Qué vida más intensa! ¡Qué aventura más loca! ¡Qué manera de morir… o de… ¡existir!.
¿Y Franco? ¿Y la CIA? ¿Y el Coche Volador?
Y claro, como toda buena historia, esta tiene sus teorías. Teorías sobre la CIA, sobre Franco, sobre… bueno, sobre todo. Porque, ¿quién no se pregunta “¿Y si…?”? ¿Y si la CIA tuvo algo que ver? ¿Y si Franco sabía? ¿Y si todo fue una gran broma? ¿Y si el coche no quería más que volar? La mente humana es curiosa, ¿verdad? Y siempre busca respuestas, siempre busca explicaciones, siempre busca… ¡una buena excusa para una teoría de la conspiración!
Pero, ¿y si simplemente fue… un accidente? ¿Y si simplemente fue… una explosión? ¿Y si simplemente fue… una mala decisión? ¿Y si simplemente fue… la vida? Porque, al final, ¿qué es la vida si no una sucesión de eventos que, a veces, no tienen explicación? Que, a veces, son simplemente… lo que son. Que, a veces, son… ¡una aventura!
Y es que, aunque sea una forma triste de verlo, la muerte de don Luis Carrero Blanco fue… una muerte. Y la vida del coche… fue… una vida. O una muerte. O una transformación. O lo que sea. Lo importante es que… ¡pasó! Y que… ¡sigue pasando! Que la gente sigue hablando de ello. Que la gente sigue riéndose. Que la gente sigue recordando.
Y es que, aunque sea una forma extraña de verlo, el coche… ¡sigue vivo! En las canciones, en las historias, en las risas. En la idea de que, a veces, la vida nos da… ¡plomo hacia arriba! Y que, a veces, lo único que podemos hacer es… ¡reír! O, al menos, intentarlo.
Así que, al final, ¿qué aprendemos? Pues que, aunque parezca una historia absurda, una historia de coche volador, es, en realidad, una historia sobre la vida. Sobre cómo, a veces, las cosas no salen como las planeamos. Sobre cómo, a veces, las cosas salen… ¡muy mal! Sobre cómo, a veces, las cosas salen… ¡muy bien! Sobre cómo, a veces, la vida nos da… ¡un salto! Y que, a veces, lo único que podemos hacer es… ¡aceptarlo! Y, por qué no, ¡reírnos un poco! Porque, ¿qué es la vida si no una sucesión de saltos? ¿Y qué es un salto si no una forma de… ¡volar!?
