Alguna vez te has mirado al espejo y pensado: “¿Quién soy yo en realidad?” No, no hablo de tu alma o tu propósito en la vida, sino de tu cuerpo. Específicamente, de esa extraña distribución de músculo y grasa que a veces nos hace sentir como si estuviéramos compitiendo con una vaca japonesa en un concurso de maridaje.
Hay una vieja historia de un monje que, al ver a un discípulo quejándose de su complexión, le dijo: “El cuerpo es como un jardín. No puedes elegir qué flores crecen, pero puedes cuidar el suelo en el que nacen”. Es una metáfora antigua, pero hoy suena como una respuesta a quienes se autodenominan “humano Wagyu”.
La Sabiduría
La grasa no es un epíteto, es una narrativa
Decir “soy Wagyu” es como decir “mi cuerpo tiene una historia”. Al igual que las vacas Wagyu, nuestra grasa intramuscular es producto de genes, nutrición y un poco de suerte. Pero mientras las vacas son criadas para ese propósito, nosotros somos criaturas en constante cambio. La grasa no define tu valor, sino que es un capítulo en tu libro de vida. ¿Eres una novela de misterio o un cuento de hadas? Solo tú puedes decidir cómo escribir el resto.La sabiduría de las vacas
Hay una ironía profunda en compararse con el ganado. Las vacas Wagyu son criadas con mimo, pero también con fines comerciales. Su “maridaje” perfecto viene a costa de menor movilidad y una vida controlada. ¿No es similar a cómo a veces buscamos comodidad a cualquier precio? La naturaleza no distingue entre “premium” y “ordinario”; solo busca equilibrio. Quizás lo que realmente necesitamos no es más grasa, sino más conciencia sobre qué nos nutre verdaderamente.El sabor de la identidad
Hay quienes dicen que la carne humana se parece a la del cerdo. Una metáfora más: si nos comparamos con animales, ¿qué animal refleja tu esencia? No se trata de literalidad, sino de simbolismo. El cerdo es un animal versátil, capaz de adaptarse a cualquier entorno. Quizás esa es la clave: no ser una versión estilizada de algo que no eres, sino aceptar tu propia versatilidad. Como dijo un sabio: “No busques ser el mejor, busca ser el único”.La comedia del yo
La idea de ser “humano Iberico” o “Kobe” es graciosa porque nos recuerda que la identidad es una broma que nos contamos a nosotros mismos. Los portugueses y españoles no son cerdos, son personas con historias, pasiones y, sí, cuerpos únicos. La misma gracia nos llega cuando alguien dice “mi hígado sería buen foie gras”. Es como si dijéramos: “Tengo defectos, pero ¡qué buenos defectos!”. La autocompasión es el mejor condimento.La lección de la quema
Hay una leyenda de un alquimista que quemó su propio cuerpo en un intento de purificarlo. Resultó que lo único que quemó fue el miedo. La misma lección nos llega cuando hablamos de cómo “oleríamos” si estuviéramos en una parrilla. El cuerpo no es un producto terminado; es un proceso. La única cosa que realmente “quema” es la obsesión con ser perfecto. Como diría un viejo adagio: “La perfección es el enemigo de la buena enough”.
Palabras Finales
El cuerpo es un templo, pero también un mercado de pulgas. Tiene joyas y tiene desechos. La verdadera sabiduría no está en cómo lo clasificas, sino en cómo lo cuidas. Porque al final, no eres ni Wagyu, ni Iberico, ni nada de eso. Eres un ser humano con una historia única, y esa es la mejor maridaje de todas.
